¿Con cuánta anticipación conviene reservar? Lo que hay que decidir primero

¿Con cuánta anticipación deberíamos reservar? Es una de las preguntas que más nos hacen, y casi siempre se formula con la esperanza de recibir una sola cifra. Seis meses. Un año. Si al viajero le dan un número, puede dejar de preocuparse hasta que llegue la fecha.

No existe una cifra única que sirva, y vale la pena entender por qué, porque cambia la forma de planear. Un viaje no es una decisión tomada en un solo momento. Es una secuencia de decisiones con plazos muy distintos. Unas pocas las fija el calendario y no se recuperan una vez perdidas. Otras pocas de verdad se agotan. Y la mayoría del resto puede dejarse abierta hasta bastante tarde, y de hecho mejora si se deja abierta. Saber cuál es cuál resulta más útil que cualquier regla general, porque le dice qué conviene resolver esta semana y qué tiene derecho a dejar tranquilo.

La decisión de la temporada va primero, y no se negocia

Todo lo demás en el plan depende de cuándo viaja, y las temporadas de los países en los que trabajamos no coinciden entre sí. Este es el dato que más sorprende a quienes están eligiendo entre destinos.

Bogotá es más seca entre diciembre y marzo. Los Andes peruanos están más despejados y más secos de mayo a octubre, y los meses de lluvia no son un desperdicio, porque Machu Picchu entre la niebla de la mañana puede resultar más atmosférico que decepcionante. El norte de la India funciona al revés, en su mejor momento de octubre a marzo, con abriles y mayos que superan los 40 °C y un monzón que llega de julio a septiembre. Nepal tiene las ventanas más estrechas de todas: de octubre a noviembre y de marzo a mayo, cuando el cielo sobre el valle de Katmandú está lo bastante limpio para ver aquello por lo que uno vino.

Léalas juntas y verá el problema de planear alrededor de un periodo fijo de vacaciones. La próxima primavera es un momento excelente para estar en Nepal y uno durísimo para estar en Delhi. El próximo enero es acertado para Colombia y acertado para el norte de la India, y equivocado para la sierra peruana. O la temporada elige el destino o el destino elige la temporada, pero alguno de los dos tiene que ceder, y resolver eso es la primera decisión real de cualquier viaje. Es también la que no cuesta nada tomar con tiempo.

Las ruinas de Machu Picchu sobre su cresta, con nubes cruzando las montañas del fondo Machu Picchu entre nubes. La temporada de lluvias no es un desperdicio, pero la entrada al sitio hay que asegurarla mucho antes de decidir qué más tendrá ese día.

Lo que de verdad se agota

Unas pocas cosas se acaban de verdad, y vale la pena separarlas de la ansiedad general de que todo podría acabarse.

La entrada a Machu Picchu es el caso más claro. El sitio funciona con circuitos de entrada por horario, y los boletos se agotan con semanas de anticipación en temporada alta. No es una reserva que pueda improvisarse al llegar a Cusco, y por eso un itinerario en Perú tiende a fijarse alrededor de un punto inamovible antes que los viajes a otros destinos. La misma lógica se aplica, de forma más discreta, a los vuelos internos en rutas que solo cubren unas pocas aerolíneas, y a cualquier país cuya buena temporada dure apenas unas semanas. Cuando todo el mundo sensato intenta viajar en la misma ventana de ocho semanas, los vehículos, las habitaciones y las personas que vale la pena tener se comprometen todos a la vez. Nepal en octubre es el ejemplo evidente.

Hay una segunda categoría en la que los viajeros rara vez piensan, que es su propio tiempo de recuperación. Cusco está a 3.400 metros, y la recomendación de siempre es concederle un día entero y tranquilo antes de cualquier esfuerzo. Ese día no es una reserva, pero ocupa un lugar en el calendario con la misma firmeza que si lo fuera, y un viaje planeado sin él tiene que quitarle el tiempo a otra cosa. Ya explicamos cómo dar forma a los primeros días para que la altura trabaje a su favor y no en su contra.

Lo que conviene dejar abierto

Casi todo lo demás mejora si se decide más tarde, y esta es la parte que los viajeros suelen equivocar en la dirección contraria, llegando con un plan día por día cerrado con meses de anticipación y descubriendo después que han diseñado su propia libertad hasta hacerla desaparecer.

La forma de cada día, el equilibrio entre monumentos y mercados, la tarde que se deja suelta porque quizá la quiera para nada en absoluto, nada de eso necesita fijarse pronto, y fijarlo pronto tiende a producir el viaje que usted creía querer y no el que de verdad quería. Un primer borrador de itinerario está hecho para ser discutido, que es justamente el sentido del intercambio que describimos en cómo una consulta se convierte en un itinerario. Lo que de verdad ayuda al principio no es un plan sino un retrato del viajero, y por eso informar bien a un curador importa más que llegar con una ruta.

La forma práctica

Así que la respuesta honesta es más o menos esta. Resuelva la temporada y el destino juntos, y hágalo lo antes posible, porque esa decisión es gratuita de tomar y cara de deshacer. Cuente con asegurar después los puntos fijos, las entradas con horario, los vuelos internos y la capacidad escasa de temporada alta, con varios meses de anticipación si viaja en temporada alta. Deje la textura de los días para la conversación del borrador, que es donde corresponde. Y contemple los días de recuperación con honestidad, sobre todo en altura, porque un viaje que corre contra su propio reloj pierde más de lo que gana.

Si tiene unas fechas de vacaciones y no sabe a qué país le sirven, cuéntenos cuándo puede viajar y le diremos con franqueza para qué sirve esa temporada y qué descarta.

Mano Chandra Dhas, fundador de Coromandel Tours, con su cámara

Escrito por

Mano Chandra Dhas

Fundador de Coromandel Tours. En los viajes desde 1975, de Singapore Airlines a Emirates y Carlson Wagonlit, hoy cura viajes privados por Colombia, Perú, India y Nepal desde su casa en Bogotá. Muchas de las fotografías de este sitio son suyas.

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